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Yin Yoga, el arte de la quietud

En esta entrada respondemos a las preguntas más usuales que suelen surgir con respecto a este estilo que, a pesar de que es hoy en día cuando se está dando a conocer con más fuerza, su origen se remonta mucho más atrás.


¿Qué es el Yin Yoga?

Las bases de la práctica de este estilo de yoga se fundamentan sobre distintos principios:


· La Medicina Tradicional China (MTC), y sus diferentes teorías: Yin / Yang; ZangFu o la teoría de los Órganos y Vísceras internos; los 5 elementos (Tierra, Agua, Madera, Fuego y Metal); la teoría de los Meridianos y la influencia de las estaciones del año en el ser humano. Todos estos elementos están interrelacionados y afectan a nuestro bienestar físico-mental-emocional si no se encuentran equilibrados.


· La Filosofía Taoísta, la cual contempla la existencia de 3 fuerzas: por un lado la energía Yang (movimiento / cambio / calor / exterior / día / arriba / entrañas…) y por el otro la energía Yin (quietud / permanencia / frío / interior / noche / abajo / órganos). La energía conciliadora entre ambas, el equilibrio entre los opuestos, es el Tao.

Como escribe Bernie Clark, “Actuar es Yang. Retirarse en Yin. El Tao es el equilibrio entre los dos.”

La obre cumbre que expone los rudimentos de la Filosofía Taoísta es el Tao Te King, expuesto por Lao Tsé. A la sabiduría de estos textos nos asomamos en las clases de Yin Yoga para nutrirla con el enfoque del Tao.



Se dice que la práctica de Yoga, en sus orígenes predominaba su naturaleza Yin, es decir que las posturas se mantenían durante un tiempo considerable. Con el correr del tiempo, se le ha ido atribuyendo más importancia a los aspectos Yang de la práctica (movimiento, calor, fluidez), encontrándose así un equilibrio entre ambos aspectos.


¿Es lo mismo el Yin Yoga que el Yoga Restaurativo?

No.

Aunque la quietud y la relajación son un común denominador entre estas dos vertientes del Yoga, el Yoga Restaurativo se define por el uso de soportes o elementos que asisten a las posturas y le permite al/la alumn@ hallar en ellas mayor comodidad y capacidad de distensión, mientras que en el Yin Yoga el uso de soportes no es un elemento indispensable, si bien en determinadas posturas se puede recurrir a ellos como forma de ajuste.


¿Práctica Yin o Práctica Yang?

La práctica Yang está enfocada en la fuerza de la musculatura, lo que requiere movimiento, repetición, tonificación. Mientras que el trabajo en las clases Yin está orientado hacia la plasticidad del cuerpo. Esta plasticidad está principalmente atribuida a las Fascias.

Las Fascias son el tejido conectivo, una especie de “malla” que envuelve y recubre los huesos, músculos y órganos, los vasos sanguíneos, y nervios, que se mantienen en su sitio gracias a la estructura y el soporte que le brinda la fascia.

Existe fascia más superficial, como la que se encuentra debajo de la piel (llamada hipodermis), y otras más profundas que llegan incluso a cubrir las cavidades del cuerpo.

Esta plasticidad se consigue con el tiempo, más que con la intensidad. Esa es la razón por la que las posturas son sostenidas durante un tiempo que puede oscilar entre 1 y 10 minutos, aproximadamente. Mediante ese tiempo prolongado se logra modificar ese tejido fascial.


¿Cómo practicar Yin Yoga?

Es importante que tengas en cuenta estos aspectos clave a la hora de practicar Yin Yoga:


· Encontrar el umbral

El umbral es aquel punto o límite donde percibimos una resistencia o incomodidad que nos aparta de nuestra zona cómoda o conocida. La propuesta con Yin Yoga es aceptar esa incomodidad que nos hace sentir una urgencia por deshacer la postura. ¡OJO! No nos estamos refiriendo a dolor.


La intención es aprender a quedarnos en ese punto intermedio, en esa delicada frontera donde NO hay dolor, pero tampoco nos acomodamos en el estancamiento físico y mental. En esa línea intermedia, en nuestro umbral, aprendemos a hallarnos en el “esfuerzo sin esfuerzo”.

Este axioma lo encontramos en el aforismo II.47 del capítulo Sadhana Padha, en los Yoga Sutras de Patañjali (texto fundamental del Hatha Yoga), en el que el sabio Patañjali no dice que “Se logra la perfección en asana cuando el esfuerzo por realizarla se torna no-esfuerzo y se alcanza el ser infinito interior”.

Para cultivar una actitud contemplativa dentro de la permanencia en nuestro umbral, sin sobrepasarlo hacia el dolor, es de vital importancia que nuestra práctica vaya de la mano con el segundo punto clave:


· La respiración

La respiración es el vínculo entre el cuerpo y la mente. En Yin Yoga nuestra respiración es calmada, suave, regular y profunda, para fomentar una actitud relajada y meditativa.

Trataremos de hacer respiraciones completas que impliquen al diafragma, el principal músculo de la respiración, realizadas con lentitud. Este tipo de respiración nos aporta más oxígeno, y favorece la activación del sistema nervioso parasimpático, el responsable de nuestra respuesta de relajación.

Una de las claves para trabajar con la respiración es dirigirla hacia la zona donde notamos incomodidad o resistencia, para sentir que esa región se “ablanda”. Lo que hacemos al fin y al cabo a través de la respiración es movilizar el Qi (la energía vital que junto con la sangre circula por los Meridianos). Esta circulación de Qi, oxígeno y líquidos orgánicos hará que nuestra fascia se modifique.


· Deshacer la postura

Decía el maestro Desikachar que “es tan importante subir al árbol como bajarse de él”. Procuramos no deshacer las posturas desde los automatismos sino con una actitud de escucha, con calma, teniendo en cuenta las instrucciones recibidas para hacerlo, y a los mensajes que el propio cuerpo nos envía en forma de sensaciones corporales.

Para evitar estos automatismos, mi sugerencia es que te dejes guiar dejando a un lado todo el bagaje de ideas preconcebidas con el que solemos practicar; que cada día podamos acercarnos a nuestra práctica con una actitud abierta, de escucha y curiosdad, para dejarnos enseñar por el cuerpo y por esta disciplina que, desde esta vertiente, nos trae otras propuestas bastante diferentes a las que veníamos acostumbrad@s.

Este es el motivo también por el que a las posturas se les atribuye otro nombre diferente a su nombre sánscrito y su traducción habitual: para evitar caer en la mecanicidad, donde la práctica pierde riqueza y espontaneidad.


· La Quietud

Este concepto hace referencia a mantener el cuerpo quieto pero al mismo tiempo cultivar una mente estable, clara, y une estado emocional equilibrado.

Una vez encontramos nuestro umbral en la postura, buscamos establecernos en la quietud, dejando nuestra musculatura blanda, relajada, pasiva, y proyectando nuestra mente hacia la respiración.

Es importante también tener en cuenta que es necesario movernos, rehacer la postura, si hemos entrado en ella con prisas, con falta de conciencia, o hemos sobrepasado el límite de nuestro umbral.



· La Atención Plena

Es fundamental asentarnos en un espacio abierto de observación: darnos cuenta de cómo reaccionamos cuando colocamos a nuestro cuerpo en una posición a la que no está habituado, o a una situación de quietud de la que la mente siempre huye, qué emociones afloran, qué tipo de pensamientos, juicios, cómo tolero la incomodidad, cómo me relaciono con mis resistencias.




Escribió: Melina D.V., profesora de Yoga en Ganesha · Centro de Bienestar.

Referencias bibliográficas:

Bernie Clark

Dra. Helena Chacón

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